Life itself is an exile. The way home is not the way back.

Colin Wilson

Me gustaría que me asombrara la magia en donde no discierno más que rutina o sandez. Ser entretenido por objetos engendrados, no creados. Como el Cristo. No imaginármelo, como el resto de entes, con la forma de una criatura previamente mecanografiada.

Es en la vuelta donde la gente se mide o crece o madura. Ir es fácil. Es inconsciente. Es inevitable. Los viajes de Ulises o el Hijo Pródigo son retornos. Resulta más difícil y peligroso bajar una montaña que subirla. Así funciona el mecanismo de —Dios me perdone— la memoria: solo sufrimos o gozamos por comparación. Después de una larga abstinencia todo alimento es golosina, toda agua, elixir y cualquier acto sexual, por precario que resulte, todas las delicias del Kama Sutra. Quiero volver. Lo que es difícil, claro, cuando no se ha ido a ningún sitio.

Para haberme administrado tales Navidades, corro el río entero. Hacia arriba y hacia abajo. Oscuridad y frío de tumba. Son, como digo, fechas.